JOAN MIRO "Sumo" Aguatinta Carborundum.72/75.1968.77x48.Original signature.Certif FundMiro.Dupin459
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Legax Art Gallery

Precio habitual €6,500.00 Oferta

Joan Miró was born in Barcelona in 1893, but the emotional landscapes that shaped him as a person and an artist were principally those of Mont-roig, Paris, and Majorca, and later those of New York and Japan. The small town of Mont-roig in the Baix Camp region of Catalonia was a counterpoint to the intellectual ferment of his life with the surrealist poets in 1920s Paris, and to the stimulus of discovering Abstract Expressionism in New York in the forties. Some time later, in the midst of World War II, Joan Miró returned from exile in France and settled in Palma de Mallorca, which became his refuge and workplace and where his friend Josep Lluís Sert designed the studio of his dreams.

 

Miró’s attachment to the landscape of Mont-roig first and then Majorca was crucial in his work. His connection to the land and his interest in everyday objects and in the natural environment formed the backdrop to some of his technical and formal research. Miró avoided academicism in his constant quest for a pure, global art that could not be classified under any specific movement. Self-contained in his manners and public expressions, it is through art that Joan Miró showed his rebelliousness and a strong sensitivity to the political and social events around him. These conflicting forces led him to create a unique and extremely personal language that makes him one of the most influential artists of the 20th century.

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Joan Miró nace en Barcelona en 1893, pero sus paisajes emocionales, los que lo formarán como persona y artista, son esencialmente Mont-roig, París, Mallorca y más adelante Nueva York y Japón. Mont-roig, una pequeña población de la comarca del Baix Camp, será el contrapunto a la agitación intelectual que vive en París en los años veinte junto a los poetas surrealistas, y al estímulo del expresionismo abstracto que descubre en Nueva York en los años cuarenta. Más tarde, en plena Segunda Guerra Mundial, Joan Miró abandonará su exilio en Francia y se instalará en Palma de Mallorca, espacio de refugio y de trabajo, donde su amigo Josep Lluís Sert diseñará el taller que siempre había soñado.

 El arraigo al paisaje de Mont-roig primero y al de Mallorca después será determinante en su obra. El vínculo con la tierra y el interés por los objetos cotidianos y por el entorno natural serán el trasfondo de algunas de sus investigaciones técnicas y formales. Miró huye del academicismo, a la búsqueda constante de una obra global y pura, no adscrita a ningún movimiento determinado. Contenido en las formas y en las manifestaciones públicas, es a través del hecho plástico donde Joan Miró muestra su rebeldía y una gran sensibilidad por los acontecimientos políticos y sociales que lo rodean. Este contraste de fuerzas le llevará a crear un lenguaje único y personalísimo que lo sitúa como uno de los artistas más influyentes del siglo XX.